Mirás el atardecer y te olvidás de lo que te distraía o preocupaba. Observarlo con música le da un toque distinto, te hace reflexionar o te dan ganas de bailar. Pero de todas formas podemos ver la grandeza de la creación y te das cuenta del tiempo que perdemos en distraernos en vez de mirar.
Pero el cielo no tiene rencor, sino que cada día nos da la oportunidad de volverlo a contemplar, de volver a reflexionar y de bailar.
Por Carolina Forigo
.jpg)
