viernes, 21 de septiembre de 2012

Tormenta de verano - Aguafuertes



El cielo se pone triste y gris. La tarde donde el sol brillaba se va tapando con nubes llenas de agua.
Ya se empieza a sentir ese olorcito a naturaleza, a vida, a tierra mojada… el olor a lluvia.
Se empiezan a escuchar los truenos de la tormenta de verano. Son como un rugir de león, como un gruñir de panza vacía.

Relámpagos como un flash fotográfico.
De a poco van cayendo gotas tímidas que rozan los vidrios de las ventanas, golpean suavemente los techos, rompen rápidamente en el suelo. Es el alimento puro de los árboles, que son los que nos dan vida y aire, y forman parte de un bello paisaje. Las plantas y flores se refrescan con la caída de gotas después de un agobiado calor.
Algunos disfrutan que la lluvia los moje mientras que otros prefieren refugiarse en sus casas o bajo los toldos de las veredas.
A algunos les trae paz, a otros tristeza, a otros les hace pensar, hay quien se aburre.
A los pequeños suele causarles miedo el ruido de los truenos y la luz de los relámpagos. Sólo los más valientes no les dan importancia y siguen jugando su partido de futbol en la plaza con amigos. No les importa embarrarse ni mojarse.
El sonido de gotas cayendo se hace más tenue, los gorriones se animan a salir de sus nidos a cantar una dulce melodía al unísono. El cielo comienza a despejarse, el sol quiere de a poco asomarse entre las nubes y crece un arco iris que nos anuncia que la tormenta acabó.

Paula Forigo


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